Los ruidos políticos suelen ponerle cierta incertidumbre a la economía. Cada vez que se aproxima un turno electoral, el Gobierno de turno encuentra dificultades para atender dos frentes sensibles para los argentinos: la inflación y el dólar. En la primera variable, el mercado está descontando que la Argentina se dirige hacia un proceso de desaceleración de precios que puede trasladarse, incluso, hasta 2027, un período en el que Javier Milei tendrá que ponerse a prueba nuevamente frente a los argentinos.

“Mi gran objetivo para este año es empezar a construir todo el camino para que el presidente Javier Gerardo Milei, mi hermano, sea reelecto en 2027”, afirmó ayer la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, durante un acto de La Libertad Avanza en Posadas, Misiones. En el camino, el Gobierno necesita modificar la realidad de la población, aquello de que la macro derrame en la microeconomía.

La satisfacción con la marcha del país sube levemente a 30% (+1 punto), ubicándose 2 puntos por encima del mismo momento del gobierno de Mauricio Macri (28%) y 20 puntos por encima del nivel observado durante la gestión de Alberto Fernández (10%), señala la última Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés. La aprobación del gobierno de Javier Milei cae a 35%, mientras que la desaprobación sube a 61% (+1 punto). En términos comparativos, continúa por debajo de Macri (45%) pero por encima de Alberto Fernández (21%) en igual período de gestión, acota el reporte. Retrospectivamente, el 58% considera que la situación del país empeoró y solo el 19% cree que mejoró. A futuro, el 28% considera que mejorará, mientras que el 43% cree que empeorará, puntualiza el director de la encuesta, Diego Reynoso. “El Gobierno tiene que trabajar sobre eso, para que la sociedad no sienta que no hay avances y que todo seguirá igual”, indica a LA GACETA el doctor en Ciencias Sociales.

La falta de trabajo (40%), la corrupción (34%) y los bajos salarios (33%) se consolidan como los principales problemas del país. La falta de trabajo aumenta como preocupación (+3 puntos), mientras que los bajos salarios pierden centralidad (-5 puntos) y la inflación cae a 19% (-3 puntos), puntualiza el sondeo.

Blindarse frente al año electoral y patear la deuda hasta después de los comicios parece ser la premisa de la Casa Rosada. En esa temática se inscribe la presentación que mañana realizará el ministro de Economía, Luis Caputo, que prevé difundir el plan financiero para cubrir los vencimientos de deuda de 2027. Parte de aquella coraza para evitar nubarrones financieros y eventuales corridas cambiarias en el año de las elecciones ha sido la compra de divisas por parte del Banco Central (BCRA) que, además, ya ha cumplido la meta acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el plan de Facilidades Extendidas, firmado en abril del año pasado.

Si algo quiere darle el Gobierno al mercado es certeza de que sostendrá el programa económico y evitar el “riesgo kuka”, tal como lo señala, reiteradamente, el propio Caputo.

Mientras el Central compra dólares, sobre todo si además acumula reservas y baja el riesgo país, este mecanismo funciona para extender la estabilidad financiera, aunque no está exento de costos, había advertido la economista y profesora del IAE Business School, Marina Dal Poggetto. Costos que habrá que ir administrando en un contexto donde el calendario electoral y las encuestas van a entrar en agenda a medida que nos acerquemos a 2027, acota. Acota que, al menos, hay tres costos a administrar:

• La tracción de las exportaciones netas no alcanza para asegurar el crecimiento de la economía en un contexto donde la inversión y el consumo no reaccionan. Pareciera que opera una insuficiencia de ingresos de las familias y de rentabilidad de las empresas, coordinada por el cambio en los precios relativos -ancla cambiaria mediante- y la apertura importadora, que rompe la intermediación financiera en un contexto de tasas pasivas negativas y tasas activas que siguen siendo muy altas.

• La esterilización de pesos para evitar una mayor caída en las tasas de interés pasivas implica un aumento en la deuda del Tesoro en pesos medida en dólares (pasó de U$S 69.000 millones en diciembre a un estimado de U$S 97.000 millones en junio). Aunque, a diferencia del uso de pasivos remunerados del BCRA del pasado, esta vez lo viene haciendo el Tesoro con plazos más largos convalidando la entrega de bonos duales.

• El estancamiento de la economía, la necesidad de bajar retenciones frente al atraso cambiario coordinado por la inflación en dólares resultante y la baja de aranceles en un contexto de freno en las importaciones por la actividad, impacta negativamente sobre los ingresos fiscales y torna la política fiscal en extremo contractiva.